Lo que nos atesoramos, en ocaciones resulta toxico.
Nuestro propio veneno, nos vuelve grises, insensibles, casi unas amebas.
Sólo el espacio susurra en mis oidos, cuando caen los pajaros, y las mañanas son mal interpretadas.
Palabras, palabras, palabras
miles de ellas envolviendo mi mente el reloj no se detiene, mis manos tiemblan, ¿ya llegó? ¿ya estan aqui?
Corro, al menos lo intento, intento nadar pero no tengo aletas, lo intento, lo intenté, sin embargo el estar acostado como un caballo agonico no ayuda mucho, cuando quiero reir mis mejillas cubren mis ojos, y mi rostro muta en una especie de lamento Indigena.
Já, es solo lo que logro rescatar del colador, un simple Já.